Tuesday, April 2, 2013



A 15 años de su lanzamiento comercial, el Viagra (sildenafil) es más popular que la aspirina. En la Argentina, se venden 34 variedades más de ese medicamento que sirve para tratar la disfunción eréctil que del clásico analgésico, si se tienen en cuenta la diversidad de marcas con el principio activo sildenafil, las dosis y las presentaciones en forma de pastillas y en caramelos.
En 1998, lo comercializaba sólo el laboratorio farmacéutico que lo patentó, Pfizer. Hoy, en cambio, lo ofrecen 42 laboratorios. Se debería vender sólo en farmacias y bajo receta, pero la realidad es que se vende en las farmacias sin receta en el 57% de los casos, y también se “filtra” en Internet, kioscos y albergues transitorios. El perfil del usuario es muy diferente al que se pensó: los hombres mayores de 65 años son minoría entre los compradores, ya que lo usan varones de todas las edades que creen que, con la ayuda del sildenafil, tienen el “éxito” sexual asegurado.
El sildenafil fue una droga revolucionaria: cambió la historia del tratamiento de la disfunción eréctil que afecta más a hombres mayores. Es un tratamiento de primera línea para resolver el problema de no poder lograr o mantener una erección”, afirma el Dr. Adrián Helien, médico psiquiatra y especialista en educación sexual acreditado por la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana. La difusión de la existencia del medicamento hizo también que más hombres consultaran rápido. “Hace 10 años, los hombres tardaban 2 años y medio en promedio en ver a un médico. Hoy consultan antes del año”, cuenta el Dr. Adolfo Casabé, encargado del sector medicina sexual del Hospital Durand de Capital y de la dirección del Instituto Médico Especializado (IME) junto con el Dr. Amado Bechara.
Desde el día de su aprobación en los Estados Unidos-el 27 de marzo de 1998-, el Viagra se empezó a vender más y más. Según la Confederación Farmacéutica Argentina (Cofa), el año pasado se vendieron 3,6 millones de unidades en farmacias de nuestro país. En 2005, sólo se vendían 3 millones. Estiman en la Cofa que las ventas en kioscos, hoteles e Internet sumarían otros 3 millones de unidades por año. Además, le “nacieron” competidores: el tadalafilo y el vardenafil, también para problemas de erección.
Las ventas abultadas del Viagra (sildenafil) se debieron a que lo usa más personas de las que realmente lo necesitan. A principios de los años noventa, se lo había pensado como un medicamento para tratar la hipertensión y la angina de pecho, pero en los ensayos con pacientes hubo un efecto inesperado: producía erecciones en varones.
Entonces, Pfizer le cambió el destino y lo presentó para tratar la disfunción eréctil. Con el paso del tiempo, los usuarios fueron varones que no tenían el problema de la disfunción pero que igual lo compraban: 1 de cada 5 varones jóvenes toma sildenafil, según reveló una encuesta realizada a 354 hombres sin disfunción eréctil que concurrieron al Hospital Durand en 2010. “Argumentaron que lo consumían porque buscaban tener mayor rigidez, duración, frecuencia y retardo eyaculatorio; para sentirse más seguros o para evitar fallas”, cuenta el Dr. Bechara, quien es profesor de urología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires y jefe de Urología del hospital.
En una encuesta a 20 mil personas, la consultora IMS Health Argentina detectó que el 58 % de los compradores eran varones de entre 15 y 50 años, edades en las que generalmente no se desarrolla la disfunción eréctil.
Otro giro en la historia es que ahora también lo compran mujeres. Ellas adquieren el fármaco para sus parejas, aunque unas pocas lo compran para sí mismas porque creen que les puede provocar mejores orgasmos, algo que no está probado. No todas las mujeres ven con buenos ojos al Viagra. “Algunas lo sienten como una traición, porque piensan que el hombre no las desea. Pero sí las desea. Lo que ocurre es que no puede mantener las erecciones”, explicó el Dr. Helien. Para eso, la industria sacó sildenafil en caramelos que permiten disimular el consumo frente a la pareja.
El sildenafil es más que un medicamento. “Si la píldora anticonceptiva alimentó la liberación sexual de los ‘70, el sildenafil estimuló un desplazamiento en la concepción de la sexualidad. Para muchos varones fue un alivio, pero el uso del fármaco sobrepasó necesidades sanitarias. Se pasó rápido del uso al abuso”, opina el Lic. Federico Tobar, investigador principal en salud del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec). Para los urólogos, el riesgo de abuso sin consultar reside en que “se pierde una oportunidad para saber el origen de la disfunción o detectar otro problema”.




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