Una investigación reciente sugiere que podría haber una forma sencilla de reducir el riesgo de infección en interiores: aumentar los niveles de humedad.
Al aumentar los niveles de humedad relativa en interiores al 43% o más, los investigadores reportaron que pudieron rápidamente inutilizar al 86% de las partículas de virus transmitidas por el aire.
El hallazgo, que aparece en revista PLOS One, fue llevado a cabo por un equipo liderado por John Noti, miembro principal de servicio de la División del Laboratorio de Efectos de Salud del Instituto Nacional de Seguridad Ocupacional de EEUU, parte de los Centros para el Control y la Prevención de las Enfermedades (CDC) de EEUU en Morgantown, Virginia Occidental.
Para evaluar el rol de la humedad en la transmisión de la gripe, Noti y colegas usaron maniquíes mecanizados y cultivos de tejido, en lugar de humanos de verdad.
Se colocó un maniquí que tosía en un modelo sellado y desinfectado de un consultorio para que sirviera como paciente de gripe. Se le equipó con una solución viral en aerosol. La solución viral se proyectó en el aire a través de cinco "toses" mecanizadas, distribuidas en intervalos de un minuto.
Al mismo tiempo, un maniquí que respiraba (que fungía de cuidador) se ubicó frente al maniquí que tosía, a una distancia de más o menos 2 metros. Se programó el modelo que respiraba para que inhalara en sincronización con la tos, y se recolectaron muestras del aerosol en varios puntos alrededor de la boca del cuidador durante hasta cinco horas después de la tos.
Durante las pruebas, se ajustaron los niveles de humedad de un mínimo del 7% de humedad relativa a un máximo del 73%.
El resultado: el equipo halló que cuando los niveles de humedad se fijaban al 43%, apenas el 14% de las partículas de virus liberadas pudieron transmitir el virus de la influenza, frente a una tasa de transmisión de 70 a 77% en un ambiente de humedad relativamente baja (del 23%).
Además, el impacto protector de unos niveles más elevados de humedad pareció ser rápido, ya que la mayor parte de la inactivación del virus ocurrió en un plazo de 15 minutos a partir del momento en que las partículas virales fueron "tosidas" en un ambiente de humedad alta.
Los autores del estudio advirtieron que todavía está por verse si los ajustes en la humedad pueden aminorar el riesgo de infección de forma igual de efectiva en un ambiente del mundo real.
Sin embargo, si se confirma, el impacto protector de los niveles de humedad a partir del 40% probablemente ofrecerían la mayor practicidad en los ámbitos hospitalarios, donde la capacidad de proteger al personal médico al regular estrictamente los niveles de humedad sería más factible.
"Me convence totalmente", aseguró el Dr. Marc Siegel, profesor clínico asociado de medicina del Centro Médico Langone de la NYU en la ciudad de Nueva York. "Es muy difícil probar que una humedad más baja aumente el riesgo de transmisibilidad, pero no es sorprendente porque el razonamiento tiene sentido: las gotitas caen al suelo en una humedad alta, porque el agua se desplaza a través del aire seco, no a través del agua. Si se combinan gotitas virales en el aire con gotitas de agua, se caen".
El Dr. Philip Tierno, profesor clínico de microbiología y patología del Langone de la NYU, se mostró de acuerdo.
"El fenómeno de que la humedad previene el movimiento de los gérmenes se comprende bien, al igual que sucede con las armas de bioterrorismo como el gas sarín y otras sustancias", señaló. "Se combinan con la humedad y adquieren peso, e incluso se caen".
"No es sorprendente desde un punto de vista científico", añadió el Dr. Tierno. "Y una humedad relativa del 45% no es mucho. La incomodidad comienza a partir del 70%. Pero una humedad relativa de 45% no incomoda.
Señaló que "el problema es que, en invierno, cuando es más probable que el virus se propague, es muy difícil mantener una humedad del 45% porque hay que competir con todo el calor seco que se genera, lo que significa típicamente que las habitaciones tienen una humedad relativa del 20%, si hay suerte".
"Por eso sería difícil usar este método en un espacio residencial, a menos que se aísle al paciente en una habitación y se usen humidificadores que sean suficientemente grandes para manejar el espacio en cuestión y se mantengan las puertas cerradas", añadió el Dr. Tierno.

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