Un pequeño y nuevo estudio publicado en la revista Anesthesia & Analgesia, añade más evidencia de que los glóbulos rojos almacenados por más de tres semanas comienzan a perder su capacidad de llevar células ricas en oxígeno al tejido donde resultan más necesarias.
Investigadores de la Universidad de Johns Hopkins en Baltimore hallaron que los glóbulos rojos almacenados durante ese periodo pierden la flexibilidad necesaria para caber a través de los capilares más pequeños. También hallaron que esa capacidad no se recupera cuando la sangre se saca del almacenamiento y se transfunde a los pacientes durante o después de una cirugía.
El estudio incluyó a 16 pacientes con una cirugía de fusión espinal programada, que por lo general requiere de transfusiones sanguíneas. La edad promedio de la sangre suministrada a los pacientes fue de más de 3 semanas.
"Cada vez hay más información que nos dice que la duración de la sangre podría no llegar a las 6 semanas, que es lo que la mayoría de bancos de sangre consideran como el estándar", comentó en un comunicado de prensa de la Universidad de Johns Hopkins el líder del estudio, el Dr. Steven Frank, profesor asociado de anestesiología y medicina de atención crítica de la Facultad de Medicina de la universidad.
"Si tuviera una cirugía mañana, querría la sangre más fresca que se pueda encontrar", añadió.
El Dr. Frank apuntó que consciente de que los bancos de sangre no tienen suficiente sangre fresca para todos, y que unos periodos más cortos de almacenamiento llevarían a unos inventarios más bajos de sangre. Sin embargo, señaló que quizás haya que reconsiderar la práctica actual de transfundir sangre guardada durante hasta 6 semanas.
El Dr. Frank dijo que un estudio publicado anteriormente en la New England Journal of Medicine halló que los pacientes de cirugía cardiaca que recibían sangre almacenada durante más de tres semanas tenían casi el doble de probabilidades de morir que los que recibían sangre almacenada solo durante 10 días.
Actualmente, se están llevando a cabo dos grandes estudios en Estados Unidos y Canadá para comparar la seguridad de la sangre más vieja y la más fresca. Se espera tener los resultados el año que viene.

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