Monday, September 9, 2013



Para muchos la primavera es la estación más atractiva del año, pero para los alérgicos a algunas formas de pólenes, se convierte en una época de malestar, que les impide disfrutar adecuadamente de estos días soleados y templados.
Como sabemos, muchas plantas, flores y árboles polinizan como parte de su ciclo vital, polen que es transportado por el aire e insectos desde una planta a otra. Este aire con polen se respira y también entra en contacto con los ojos. Por eso, la mayoría de los alérgicos al polen -inclusive los niños-, tienen síntomas en los ojos (conjuntivitis) y en la nariz (rinitis) o en las vías respiratorias (asma).
De acuerdo con los especialistas, los 'niños predispuestos' elaboran la alergia al polen (técnicamente llamada sensibilización al polen) durante los primeros años de su vida, motivo por el que no tienen síntomas hasta el cuarto o quinto año de vida. A partir de esta edad comienzan los síntomas, cuya intensidad depende de diversos factores.
Los más frecuentes son; rinitis, conjuntivitis, malestar general y a veces asma, síntomas que persisten durante varias semanas y dificultan y empeoran la calidad de vida de los chicos y de sus padres.
Los expertos consideran que la aparición de los síntomas representa el fracaso en las medidas de prevención. Éstas consisten en evitar o disminuir la exposición del niño al polen, durante las horas y las semanas con mayores niveles suspendidos en el aire. Se sabe, que los peores días son los soleados y con viento. Los mejores, los nublados, especialmente los lluviosos. Y las peores horas, las primeras de la mañana (hasta las 11) y las últimas de la tarde. Por eso, los niños polínicos no pueden permanecer en la calle, jardín o parques, ni realizar ejercicio físico en zonas descubiertas. Deben estar en lugares cubiertos, en donde también se pueden realizar ejercicios físicos, deportes y juegos. Lógicamente, estas zonas deben tener las ventanas y puertas cerradas, así como en el auto, casa y colegio. Y los chicos muy alérgicos, deben cubrirse la nariz y boca cuando salen al exterior, y usar anteojos que disminuyan el contacto del polen con los ojos.
Afirman que la curación se produce en algunos casos, no en todos, a través de vacunas. Y que los síntomas pueden disminuirse con colirios, gotas nasales y medicamentos antihistamínicos, que siempre debe prescribir un médico. Mi consejo: hacerle caso a 'los que saben' y optar por prevenir en vez de curar…


DANIEL MÁRQUEZ BRAGA
BUENA PRAXIS | Director

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